Este fue el primer pensamiento que inspiró al jóven el ramo de madreselva.
Tras aquel pensamiento se enlazaron natural, necesaria y lógicamente otros.
«Ella me ama, dijo, es hermosa, es pura: mis miradas son su luz, mis palabras su esperanza, mi amor su vida; pero el amor es una debilidad: el amor acaba por apoderarse de nosotros: el amor hace pequeño al hombre porque le esclaviza, y un esclavo no puede ser grande.»
«Yo no quiero ser esclavo.»
«Y luego, esa mujer es enemiga de mi patria, es cristiana de corazon, es la hija de un renegado: yo no puedo ser esposo de esa mujer.»
El jóven se equivocaba, se engañaba: mejor dicho, pugnaba por engañarse.
La verdad era, que sus creencias le separaban de su hermosa vecina, y que á pesar de esto ni aun en su conciencia queria hacerla la ofensa de desdeñarla como mujer, y como mujer enamorada.
La verdad del caso era que habia de por medio fanatismos y pasiones humanas que impedian á nuestro jóven pensar en el amor de aquella mujer.
Ella no se habia parado á meditar si habia alguna razon que la separase del jóven.
La bastaba con saber que le amaba.