Y Alí partió desalado á la cámara de su señor.
—¡Ah! ¡está borracho! ¡aletargado! gritó con rabia Alí: yo tengo una yerba que sirve para disipar la embriaguez; yerba que me ha servido para que nadie pueda notar que he bebido vino contra la ley: pero mientras voy por ella; mientras esprimo su zumo... ¡oh! y es preciso... preciso de todo punto.
Alí salió y permaneció fuera algun tiempo.
Cuando tornó traia en la mano una copa: cogió la cabeza de Aben-Aboo, le abrió la boca y derramó en ella parte del líquido que la copa contenia, poco despues, y como por un efecto mágico, Aben-Aboo despertó y volvió en sí de una manera completa.
—¡Oh! ¡qué horrible dolor en las sienes! exclamó.
—Os han embriagado señor, y ha sido preciso que yo me valga de unas yerbas para haceros volver en vos.
—¿Y quién te ha mandado eso? dijo con enojo Aben-Aboo. ¿Por qué no me has dejado dormir?
—Una sola palabra, señor; dijo Alí: ¿habeis dado á doña Angélica la llave de la puerta de las cuevas del castillo?
—No; dijo Aben-Aboo: tú estás soñando Alí.
—Doña Angélica ha entrado hace media hora por esa puerta.