—He aquí á vuestro emir, gritó Harum descubriendo el rostro de un moro que estaba junto á él: he aquí al esposo de la sultana Amina.

—¡Viva el emir! gritaron en coro los monfíes.

—¿Pero qué haceis? dijo el marqués de la Guardia: eso no puede ser.

—Consentid por ahora, dijo Harum.

Y volviéndose á los monfíes añadió:

—El esposo de la noble sultana Amina, acepta la corona que le ofrecemos.

—¡Viva el emir! repitieron los monfíes.

—Ahora, dijo Harum, nos resta salvar á la Sultana.

Un espontáneo y bravo murmullo de asentimiento respondió á estas palabras.

—¿Pero será cierto que mi esposa está en el castillo del Vérchul?