«Noble y virtuoso Abd-el-Gewar: don Diego y don Fernando de Válor han cometido un crímen contra su cuñado Miguel Lopez: los tengo en mi poder y espero saber de ellos el paradero de mi hijo: en cuanto á este tengo formado mi plan: te envio diez de mis monfíes que mas conocimiento tienen de la ciudad para que indaguen su paradero; este y el asesinato de Xerif-ebn-Aboó es obra de ese bandido miserable de ese don Diego de Válor; ¡Ay de él si muere mi hijo!
CAPITULO IX.
En que se sabe lo que hicieron con Miguel Lopez don Diego y don Fernando de Válor.
Retrocedamos al momento en que los dos hermanos y Miguel Lopez salieron de Granada.
Los tres ginetes, acompañados de cuatro lacayos tomaron á buen paso el camino de las Alpujarras: al llegar al Suspiro-del-Moro, don Diego de Córdoba revolvio el caballo y miró á la distante ciudad.
—¡Granada! ¡Granada! exclamó: hace cincuenta y cinco años, se detuvo en este sitio el cobarde Boabdil y lloró por que te habia perdido: hoy me vuelvo yo para jurarte que si Dios me ayuda y á despecho de mis enemigos, tú volverás á ser la ciudad querida del Profeta, y yo... yo seré tu rey.
—¡Hum! dijo Miguel Lopez, que estaba de muy mal humor; creo, hermano, que os olvidais muy pronto del poder del emir de las Alpujarras.
—¡Ah! ¡el emir de los monfíes! ¿y creeis que el emir tenga mas poder que yo?
—¡Si!
—¿En qué os fundais?
—En que él manda y vos le obedeceis. Y sino ¿por qué hemos abandonado tan de improviso á Granada...? ¿por qué vagan allá entre las faldas de la sierra, como cabras sueltas, ciertos hombres, que Dios me confunda sino son gente que tienen mas de una razon para temer á las justicias de las villas y á los cuadrilleros de la Santa Hermandad? ¿y para qué sino habeis hecho que se adelante uno de vuestros lacayos?