—Ya te he dicho que puedo mas de lo que parece... y sobre todo ¿no te tengo en mis manos?

—Yuzuf me proteje.

—¡Bah! ¿y crees tú, dado caso de que yo me viese obligado á respetar al emir, que me seria muy difícil demostrarle que habias muerto de las heridas?

Extremecióse de nuevo, pero mas profundamente el morisco.

—Ese capitan, se apresuró á decir, impulsado por su miedo, es espia de Yuzuf-Al-Hhamar.

—¡Ah! ¿y has entrado alguna vez casa de ese capitan?

—Si, he entrado muchas veces, en servicio del emir, porque yo tambien le sirvo; yo soy su espia entre los moriscos de Granada.

—¿Y... nada has tenido que reparar en casa del capitan?

—Si por cierto; creo que hay en ella un misterio que consiste en dos mujeres.

—¿Y cómo has conocido á esas dos mujeres?