—Dámele, pues.
—Ese anillo ha sido mi anillo de bodas, y está en poder de doña Isabel.
—¡Ah!
—Doña Isabel te lo entregará.
—¿Dónde vive doña Isabel?
—Debe permanecer en casa de su hermano don Diego.
—Escribe para tu esposa lo que yo te dicte.
Miguel Lopez escribió bajo la palabra de Calpuc la siguiente carta:
«Mi amada esposa y señora doña Isabel de Córdoba y de Válor: he sido herido gravemente por bandidos en el camino de las Alpujarras: un hombre caritativo me ha recogido y curado: á Dios gracias mi vida no corre peligro. El dador se encarga de comunicároslo. Os ruego que le entregueis la sortija que os dí en arras de mi matrimonio con vos, que me importa. Nada sé de vuestros hermanos. Guardeos Dios y os conserve para mi felicidad muchos años.—Vuestro esposo que bien os ama y lejos de vos padece.—Miguel Lopez.»
Cuando estuvo escrita y cerrada esta carta, Calpuc la guardó con la otra en su bolsa.