Presentóse inmediatamente á la puerta el monfí, asombrando á las dos mujeres que no acertaban cómo podia ser aquello.

—Al momento, al momento, Harum, le dijo Yaye, acercándosele y hablándole en voz baja: ve por un sacerdote cristiano para auxiliar á un moribundo; que traiga consigo la comunion y la extremauncion; que suba á ocupar tu lugar uno de los otros, y escucha: Yaye habló por algun tiempo en secreto con el monfí.



¡Dios me inspira: sereis mas que hermanos, hijos mios!

Harum partió.

Yaye se volvió á las dos damas.

—A propósito, señoras, dijo: ¿qué gentes hay en esta casa?