Calpuc observó si podia ser escuchado de alguien, y luego llevándome á un ángulo retirado de la cámara donde nos encontramos, me dijo:
—Yo no quiero que mueras.
Me miró de una manera apasionada durante un momento, y luego continuó.
—Si tú murieras, Calpuc se convertiria en el mas feroz de los hombres.
—Pues bien, sé rey fuerte y poderoso.
—Y dime, ¿qué harian los españoles, si su emperador les mandase ofender al Dios de sus padres, y desobedecer á sus sacerdotes?
—¿Los españoles...? los españoles destituirian, exterminarian al emperador.
—¿Y por qué no habian de hacer lo mismo los mejicanos con un rey que les mandase arrojar por tierra los altares de sus padres?
—Pero los españoles adoran al verdadero Dios, y vosotros adorais á Belial.
—La oracion de mi madre resuena en los oidos de los guerreros de mi nacion, cristiana, como la de tus abuelos resuena en los oidos de los tuyos. No te obligaré yo á que abandones á tu Dios...