Doña Elvira bajó serena y tranquila; mejor dicho: como una esposa amante, á recibirle y se arrojó en sus brazos.

Don Diego la estrechó en ellos y la dijo al oido estas palabras envueltas en un beso satánico:

—¡Gracias! ¡doña Elvira, me habeis comprendido!

Y asido de su mano se encaminó á las escaleras en cuyo primer peldaño pálida y anhelante le esperaba doña Isabel.

—¡Y mi esposo! exclamó esta.

—Tu esposo hermana dijo don Diego ha tenido la desgracia de ser asesinado por los monfíes de las Alpujarras.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Un momento despues, don Diego fue solemnemente preso por un capitan de caballos de órden del capitan general de la córte y reino de Granada, y conducido con grandes seguridades á la Alhambra.

CAPITULO XVII.
Cómo se encontraron el rey del desierto y el capitan estropeado.

Sepamos ahora, lo que habia hecho en el huerto doña Isabel.