—¿Pero no está preso el hombre que mató al capitan Sedeño?

—Si, si por cierto.

—Pues bien, dijo el marqués, por el hilo se saca el ovillo, y ya que la muerte de vuestra hija no tiene remedio, procurad vivir para vuestra nieta.

—Es necesario que mi nieta parezca, dijo el duque.

—Si, es preciso, repitió maquinalmente el marqués.

—Y os he llamado para que la busqueis, don Gabriel.

—¿Para que yo busque á vuestra nieta?

—Si por cierto. ¿No veis que yo estoy sujeto en este lecho de maldicion?

El marqués de la Guardia meditó que tenia un pretexto para escapar de aquella situacion que le fastidiaba y se apresuró á decir:

—Habeis hecho bien en acordaros de mí, don Juan, y en el momento voy á hacer las primeras diligencias. ¿No decís que ese alguacil con quien hablásteis, vive en la Caldereria y que se llama Picote?