Veamos aquellos pergaminos.
«Ultima voluntad del emir Yuzuf Al-Hhamar.—A su hijo el emir Yaye-ebn-Al-Hhamar.
»Soy viejo y presiento la muerte que se acerca.
»Estoy preparado: que se cumpla la voluntad del Altísimo.
»Nada tendria que decirte, hijo mio, si acontecimientos imprevistos no hubieran echado por tierra mis proyectos.
»Isabel de Córdoba y de Válor se ha casado con un hombre oscuro. La muerte de su esposo la ha hecho libre. Pero el emir de los monfíes no puede casarse con una viuda[9], y mucho menos con la viuda de Miguel Lopez, de Sayd-Aboo, el infame y el renegado.
»Isabel era una doncella de sangre real, ennoblecida por los cristianos: Isabel era la esposa que te convenia.
»Pero el Altísimo en sus inescrutables decretos no ha permitido que sea tu esposa Isabel.
»Existe, sin embargo, al alcance de tu mano, una doncella de sangre real: sus ascendientes tuvieron un poderoso imperio al otro lado de los mares; el padre de esa doncella, el rey del desierto mejicano, vive entre nosotros: cualquiera de nuestros monfíes te llevará á él, solo con que le digas: necesito ver al cazador de la montaña.
»El te contará su historia. Salva á la madre y cásate con la hija.