—Meditad bien lo que prometeis.
—Aunque me pidieseis mi hija os la daria.
—Pues vuestra hija os pido.
—Tenedla por vuestra.
—¡Ah! exclamó Estrella, y se arrojó en los brazos de su padre.
El casamiento, bien á despecho del marqués de la Guardia, se hizo de allí á pocos dias.
¿Amaba Yaye á Estrella?
No: cuando mas estaba enamorado. Yaye era uno de esos hombres todo corazon, que solo aman una vez, y su amor pertenecia á doña Isabel de Córdoba y de Válor.
¿Y siendo esto asi, siendo doña Isabel viuda, porque no se habia casado con ella Yaye?
Su carácter, su orgullo, su ambicion desmedida y los pergaminos que al morir le habia dado su padre explicaran este misterio.