La mujer echó á andar.
—¿Cuándo fué mi hija á vuestra casa? la preguntó el emir.
—La señora no fué, dijo la mujer.
—¿Cómo que no fué?
—La llevó mi marido que la encontró desmayada en la plazuela.
—¡Ah! ¡la encontró desmayada! ¿y cuándo?
—Despues de oscurecer.
—¿Y por qué no me avisásteis al momento?
—¡Ah, señor! nosotros no sabiamos que la señora fuese hija de vuecelencia.
—¿Cómo que no lo sabiais? ¿pues no os lo ha dicho mi hija?