Oyéronse entonces en el interior algunas puertas que se abrian.
—¡Mi padre! exclamó Amina: ¡vete!
Don Juan la estrechó rápidamente entre sus brazos, Amina se escapó de ellos, y empujándole hácia el balcon, le dijo:
—Vete... ¡y no me olvides!
—¡Adios, vida de mi vida! dijo el marqués: ¡jamás te olvidaré!
Y echándose fuera de la balaustrada del balcon, se descolgó por una reja á la calle.
Cuando estuvo en ella, Amina se asomó al balcon, y dijo conteniendo mal sus sollozos:
—Toma, don Juan, y lee, y cuando hayas leido, comprenderás cuánto estás obligado á amarme.
Dicho esto, arrojó una carta á la calle, desapareció de la balaustrada, y se oyó el ruido de las maderas del balcon que se cerraban.
—¡Oh, Dios mio! exclamó don Juan recogiendo la carta: ¡esto es para volverse loco!