Angiolina abandonó el huerto, palpitante de ansiedad y entró en una habitacion donde habia luz, se acercó á ella y leyó ávidamente el papel.

Bempo la habia seguido, y al escuchar el grito de suprema alegría de la princesa exclamó con acento profundo.

—Satanás ha querido, que Bempo te sirva mejor de lo que esperabas.

—¡Ah, Bempo, Bempo! ¡yo te amo! exclamó Angiolina arrojándose en los brazos del lazzaroni arrastrada por el horrible agradecimiento de su venganza satisfecha.

Bempo la separó de sí asida por los hombros y la dijo con acento indefinible, posando en ella una indefinible mirada.

—Os engañais, señora; vos no amais á Bempo: Bempo no se llama marqués de la Guardia.

Y volviendo la espalda á la princesa salió lentamente de la habitacion.

—¡Ah! dijo Angiolina viéndole alejarse: ¡tienes zelos! ¡zelos como yo! ¡pues bien, sírveme para mi venganza, aunque despues te vengues de mí!

Luego atravesó un corredor, entró en la cámara donde estaba Cisneros, que parecia aletargado, y se sentó en silencio junto al lecho.

CAPITULO XV.