—Nada tiene de extraño que la sultana velase, preparando su partida.
—Es que hay mas que eso: antes del amanecer salió un hombre por el postigo, y despues se abrió uno de los balcones de los aposentos de la sultana, y por él se descolgó otro hombre á la calle.
Irradiaron una mirada incalificable por lo feroz, los ojos de Yaye.
—Farrix y sus compañeros mienten, exclamó.
—Si han mentido, mancillando el honor de la sultana, dijo Harum cuya mirada no se alteró, deben morir.
—¡Que mueran! ¿lo entiendes? que mueran y que mueran al momento, exclamó con voz cavernosa el emir. Pero... sigue, sigue relatando la impostura de esos miserables.
—Farrix asegura que cuando aquel hombre estuvo en la calle, una mujer vestida de blanco habló algunas palabras amorosas con el que habia descendido, y le arrojó un papel.
—¡Oh, miserables! y si era verdad ese dicho, ¿por qué no aseguraron á aquel hombre? ¿por qué no se apoderaron de aquel papel?
—Cabalmente, segun dice Farrix, esta era la intencion del que los habia conducido hasta allí, pero añade tambien, que aquel hombre era tan valiente y tan diestro que se les escapó.
—¿Y no aconteció mas?