—¿Por dónde se camina hacia la luz hermano? replicó el ermitaño.
—Por las tinieblas, contestó el peregrino.
—Bien venido seas, hermano, dijo el ermitaño tomando la mano derecha del peregrino y llevándola á la frente, muestra de aprecio y de amistad entre los moros, recibida por ellos de los árabes.
—Que el Altísimo y Unico te pague tu buena acogida hermano, contestó el peregrino.
—Entra y conforta tus miembros, Abul-Hhassan, dijo el ermitaño; por acá tenemos el invierno crudo, y vienes sin duda de tierra donde el sol es siempre ardiente.
—Vengo de Argel.
—¿Y qué noticias traes?
—Malas, muy malas; dijo el peregrino sentándose en un taburete junto á un hogar en que habia fuego.
—¿Malas noticias dices que traes?
—El dey Aluch-Alí, desconfia de nosotros.