—¡La amais! yo creo que esa mujer ha nacido para enamorar á todo el mundo.
—Os engañais. A esa mujer la sucede lo que á otras muchas. Las aman todos, menos el hombre que las posee.
—Es decir que el marqués de la Guardia....
—No la ama, porque ama á otra.
—¡A otra!
—Si, á una mujer á quien yo amaria tambien, si mi amor hácia ella no fuese insensato; un martirio á que me condenaria inútilmente. El marqués de la Guardia ama á la hija del emir de los monfíes, y porque la ama finge amor á Angélica.
—Nos os comprendo.
—La hija del emir se ha perdido para el marqués. Pero el marqués sabe que si una mujer se pierde para su amante, no se pierde jamás para la mujer que la aborrece, que la sigue, que la persigue ansiando venganza, cuando esta mujer tiene medios para obrar tan poderosos como son los que tiene Angélica.
—Con que la hija del emir y Angélica....
—Son enemigas, enemigas á muerte por la sola razon de que aman á un mismo hombre.