—Acércate, mi buen Harum, dijo Amina, y vé como firma Muley Aben-Humeya las capitulaciones que voy á leerte: escuchad tambien vosotros ancianos walies nobles secretarios de mi padre, sabios de su consejo.
Amina leyó con voz sonora las capitulaciones.
Entonces adelantó una de aquellas sombras, y dijo con autoridad á don Fernando.
—¿Te obligas á todo lo que has oido?
—Me obligo.
—¿Juras por el Dios Altísimo y Unico, guardar y cumplir estas capitulaciones?
—Lo juro.
—Pon al pié de ellas tu nombre de rey, y junto á tu nombre este sello de oro, que es el antiguo sello de los reyes de Granada.
Y el que asi hablaba, sacó un magnífico sello de entre sus ropas y le puso sobre la mesa.
Don Fernando de Válor firmó, y cuando hubo firmado, el mismo moro encubierto, sacó de una manga de su almaizar, otros tres pergaminos enrollados.