Tras este billete y como no tenia tiempo que perder, sacó de la escarcela el que le habia dado con una llave Pertiñez de parte de la comedianta Angélica, y que no habia podido leer hasta entonces: decia así:
«Si sois tan cortés como bizarro, venid esta noche á las doce á la hosteria del carbon: cuando llegueis á lo alto de las escaleras abrid con la llave que os entregará maese Pertiñez la puerta, y adelantad por el corredor: mi aposento es el número 13. Yo os estaré esperando. Angélica.»
Aben-Aboo no tuvo tiempo de meditar en el contenido de estos dos billetes, porque el marqués de la Guardia se le echó encima.
Traia en las manos una guitarra, al costado una espada descomunal, y pendiente de la pretina un broquel cincelado.
—¡Ah! gracias á Dios que os hallo, exclamó; no sabia donde podria hallaros, y hubiera dado por hablaros esta noche... mi alma, porque no tengo otra cosa que daros.
—¿Y para qué me buscabais con tanto interés, don Juan?
—¡Qué diablos! necesito explicarme con vos.
—¿Explicaros conmigo?
—Si por cierto, me habeis dado zelos.
—¿Zelos yo?