—Sed feliz..... y seguid mis consejos, le dijo Amina.
—¡Ah! no los olvidaré, señora.
Aben Aboo salió, y poco despues se sintió abrir la puerta exterior y las pisadas de un caballo en la calle que se alejaron hasta perderse en el silencio.
—¡Ah! exclamó Amina en un acento que no pudo oir su padre: quiera Dios que con ese hombre no nos preceda á las Alpujarras la desgracia.
Amina sentia oprimido su corazon por un presentimiento funesto.
CAPITULO XI.
Alianza de sangre y lodo.
A punto que Aben-Aboo entraba á caballo en el corral del Carbon, daban las doce en el reló de la capilla real.
Era la hora de la cita con Angélica.
El corral estaba desierto, silencioso é iluminado de lleno por la luna. Aun estaba alzado el tablado donde se habia hecho la representacion, pero despojado de los tapices y de las cortinas: como si dijéramos: en esqueleto.