—Como yo adoro á otro.

—¡Oh!

—Pero vos necesitais vengaros.

—Si.

—Y yo tambien.

—Yo de la altivez de una mujer.

—Yo del desamor de un hombre.

—Somos, pues, amigos.

—Amigos de odio.

—¿Y no mas que amigos? dijo Aben-Aboo rodeando la cintura de Angélica.