—¡Quién os ha enseñado á enamorar de ese modo?

—Vos.

—En poco tiempo hago yo maestros de amor.

—Vos le enseñais con una sola mirada.

—De modo que vos.....

—Yo os adoro.

—No lo creo.

—¿Por qué?

—Porque adorais á otra.

—¡Ah!