—¡Oh! exclamó Yaye profundamente: bien desgraciado fuisteis en vuestros amores, señor.

—Si, y doblemente desgraciado, porque tu madre murió asesinada por la Inquisicion.

Yaye se alzó como impulsado por un poder sobrenatural; cubrió su rostro una palidez de muerte, brilló en sus ojos una mirada letal, y tomó una actitud de amenaza que hubiera impuesto terror al mas valiente.

—¡Qué mi madre ha muerto... asesinada por la Inquisicion!

—Era demasiado hermosa: los cristianos son buitres voraces, dijo tristemente Yuzuf.

Hubo un momento de terrible silencio.

—Los cristianos, continuó despues de algun tiempo Yuzuf, no tienen por buenos sino á los que profesan su misma religion, y aun asi á los cristianos viejos. ¡Ay de sus vencidos! Un cristiano nuevo, un morisco, es para ellos punto menos que un judío: un animal despreciable, un ser odioso, contra el cual se creen autorizados para todo: un morisco no les sirve mas que para esclavo: una morisca... ¡oh! ¡cuando las moriscas son hermosas...! ¡tener por manceba una hermosa morisca es cosa muy deseada! La infeliz que resiste á los deseos de uno de esos infames aventureros, á quienes España entrega su bandera, infeliz de ella, porque el crímen acompaña á esos miserables á todas partes. Y luego, ahí están esos frailes sanguinarios que predican la religion cristiana con el dogal en una mano y la tea en la otra.

—¿Pero cómo mató la Inquisicion á mi madre? exclamó Yaye alentado apenas.

—¡Oh! ¡es un recuerdo horrible! Su confesor, un grave religioso dominico, un vil hipócrita, que sabia aparentar la virtud mas rígida, era inquisidor. La hermosura de tu madre excitó los impuros deseos del fraile, y abusando de su ministerio intentó corromperla. Tu madre le rechazó con indignacion. La venganza del fraile no se hizo esperar. Un dia la Inquisicion llamó á las puertas de nuestra casa. Yo estaba ausente en las Alpujarras. Registraron escrupulosamente y encontraron uno de los libros de Lutero que un criado infame, vendido al miserable fraile, habia puesto entre los libros de devocion de tu madre, que fue arrastrada á los calabozos de la Inquisicion: cuando yo lo supe volé á Granada. Mis monfíes forzaron una noche, decididos á todo, las puertas de la cárcel; llegaron hasta el encierro de tu madre, la sacaron de él y la trajeron á las Alpujarras... ¿pero en qué estado? La habian hecho sufrir el tormento, la habian destrozado, y el terror... ese terror frio que causa la Inquisicion, los dolores agudos del tormento, su recuerdo, la habian vuelto loca... vivió dos meses asombrándose de todo... extremeciéndose por todo... revelando en su delirio el nombre del fraile impuro... al fin murió: murió asesinada por la Inquisicion.

Detúvose Yuzuf quebrantado por su dolor. Yaye le escuchaba con la faz sombría.