—Entre nosotros hay un hombre de Dios, dijo uno de los parciales de Aben-Jahuar.
—¿Y quién es ese hombre? dijo Farax.
—El sabio Abul-Hassam, el faquí.
Al escuchar este nombre, que era muy respetado por el fanatismo de los moriscos, se escuchó un murmullo de respeto.
Farax conoció que estaba vencido y calló.
Abul-Hassam comprendió que estaba ayudado por la situacion y adelantó grave y mesurado, cruzados los brazos, ocultas las manos en las anchas mangas de su caftan, y con la cabeza inclinada.
—Yo veo tres gigantes, á quienes siguen otros mas pequeños: dijo despues de algunos segundos de silencio: el primero es el rey de España: el segundo, representa á las gentes de iglesia; el tercero á las gentes de justicia; los restantes á las gentes de guerra, rapaces y aventureras. Estos demonios, castigaran al mundo con sus crueldades y tiranías, hasta que el Altísimo permita que se levante en frente de ellos, armado de armas resplandecientes, un rey poderoso, que seguirá la ley del enviado Profeta de Dios: y este rey será el que está contenido en esta profecia escrita en metros por el sabio Tauca el Hamema, cuyo nombre significa pecho de la paloma, comparando su hermosura y elegancia, con la hermosura de los colores del pecho de esta ave.
Y Abul-Hassam, sacó un largo pergamino que desenrolló, en el cual leyó lo siguiente:
«En el nombre de Dios piadoso y misericordioso.