Esto no impide que los terrenos, colinas y montañas que rodean á esta villa sean muy fértiles, siendo ademas recomendable esta poblacion, por la pureza y salubridad de sus aires y de sus aguas.

Hoy la tal villa es un poblacho feo, de reducido vecindario, albergado en algunas casas ennegrecidas, agrupadas alrededor de una iglesia situada en lo mas alto y deteriorada y fea.

Cádiar ha perdido mucho de su antigua importancia; por mejor decir: lo ha perdido todo.

Pero en el año de 1568 era otra cosa.

Solo habian pasado entonces setenta y seis años desde la conquista de Granada, y aquella terrible catástrofe para los moros, que los habia sujetado al fin bajo el yugo de los cristianos, sus enemigos, en toda la extension de España, habia determinado el apogeo, la riqueza, no solo de Cádiar, sino tambien el de las demás villas y lugares de las Alpujarras.

Esto se explica facilmente: del mismo modo que el vencido Muley-Abd’-Allah-al-Ssagir-el-Zogoibi[22], mas vulgarmente conocido por Boabdil, al trasladarse á Andarax, despues de haber entregado la Alhambra y los castillos de Granada á los reyes don Fernando y doña Isabel, llevó consigo á aquel destierro, donde estuvo dos años, gran parte de su córte y de sus caballeros: otros muchos nobilísimos y ricos musulmanes, con sus familias, esclavos y tesoros, se habian trasladado de Granada, á esta, ó á la otra villa de las Alpujarras, pretendiendo de este modo robarse en parte á la vista de los aborrecidos vencedores, y esta gente acostumbrada á la riqueza y á la molicie de sus alcázares, y á la frescura y frondosidad de los jardines que habian dejado en la ciudad perdida, embellecieron para hacer mas cómoda su residencia en ellas, y aumentaron la poblacion y la riqueza de las villas á que se habian acogido.

Cádiar habia sido una de las villas mas favorecidas por esta especie de inmigracion; muchas familias poderosas se avecindaron en ella, y con una rapidez maravillosa, fueron desapareciendo las casas pobres y antiguas, para dar lugar á otras mas bellas y mejor proporcionadas; construyéronse algibes; convirtiéronse en amenos cármenes las laderas de la montaña, estableciéronse en sus plazas mercaderes, creció el tráfico y el dinero, y al cabo, la antes casi insignificante villa, se convirtió en una poblacion importante, rica, populosa y considerada, llegando á tal punto, que el capitan general de la costa y reino de Granada, en vista de la aglomeracion en aquel lugar, de tanta gente recien conquistada y mal sujeta al yugo, creyó oportuno establecer en la villa un presidio de soldados, y uno de esos rígidos é inflexibles corregidores que son capaces de ahorcar hasta á su sombra.

A mas de esto, habia en Cádiar parte de una compañía de arcabuceros, cuyo resto estaba dividido entre las villas de Válor y Yátor.

El capitan de esta gente de guerra, que pertenecia á los presidios del reino y córte de Granada, era nuestro antiguo conocido el marqués de la Guardia, á quien, como recordaran nuestros lectores, habia procurado su tio, don César de Arévalo, este oficio de capitan, para que se mantuviese con su sueldo, no siempre pagado con exactitud, á falta de las pingües rentas de su marquesado que sabemos estaban empeñadas.

Un capitan de infantería de aquellos tiempos, era mucho mas considerado que en los nuestros, y para llegar á este empleo, era necesario haber servido mucho y bien, ser ya viejo, ó gastarse sendos doblones para levantar á su costa una compañía. Fuera de estos dos casos, solo podia ser capitan un jóven, por su título y su nobleza: como si dijéramos: en premio á los servicios de sus antepasados.