—Yo sé que mi cuñada doña Elvira, viene algunas veces encubierta á Cádiar, y que aunque no vea á su cuñada doña Isabel, siempre ve á Mariblanca.
—Es verdad, pero eso consiste...
—¿En qué?
—En que Mariblanca y yo, servimos á doña Elvira.
—En sus amores...
—Cierto que sí.
—¿Pero tú sabes con quién tiene sus amores?
—Ayer no lo sabia, pero hoy lo sé.
—Y... ¿quién es?