—¿Has dicho á alma viviente lo que has hablado conmigo?
—¡Cómo, señor! ¿desconfia vuesamerced de mí?
—Desconfio de todo hombre que anda en tratos con mujeres.
—¿Y yo?
—Tú, á la socapa, tienes por novia á la morisca mejor moza de la villa.
—¿Quién ha dicho á vuesamerced tanto? exclamó con cuidado Barbillo.
—Me alegro que nada me niegues: yo sé que el ama del beneficiado Juan de Ribera, la buena Mariblanca, arde por ti, y que teneis tratado casaros.
—Algo hay de eso: pero mientras viva el beneficiado.....
—¿Quién sabe lo que el beneficiado vivirá? pero volviendo al asunto: quien tiene por novia una mujer de tan buenos ojos, y tan ladina como Mariblanca, está expuesto á ser imprudente.
—¡Quiá! ¡no señor! ya sabe vuesamerced que yo soy mucho pez, y que todas las Mariblancas y Marinegras del mundo, no me haran hacer lo que no me convenga: es verdad que la Mariblanca es una muchacha que no la hay mas garrída en la córte del rey: es verdad que he andado y ando y andaré trás ella, y que lo que mucho cuesta se aprecia mucho: pero no hay miedo que yo la diga mas de lo que la debo decir.