—¡Juro á Dios que no la hubiera conocido! exclamo mirando á una moza que pasaba á la sazon y que se detuvo á su voz y clavó una penetrante mirada en el capitan; ha crecido y está hecha una reina: será preciso volver á travar conocimiento con esta muchacha.

Aquella muchacha era Mariblanca, que despues de haber mirado por un momento el capitan, siguió su camino haciendo un mohin de desprecio.

—¿Conoces á esa prenda? dijo el capitan al Ansarí, siguiendo adelante.

—Es Mariblanca, contestó lacónicamente el xeque.

—Cuando yo se la quité á su padre para hacerla mia, repuso con desvergüenza el capitan, se llamaba Alida.

—Entonces era mora.

—Es verdad: recuerdo que por casarse conmigo se bautizó.

—Y entonces la pusieron María: despues como es blanca como la nieve, han dado en llamarla Mariblanca.

—¿Y se ha casado?...

—Es ama del licenciado Juan de Ribera, beneficiado de la iglesia de la villa.