El capitan tomó la llave y la guardó en el bolsillo de sus gregüescos.
—¿Y á qué hora he de venir, luz de mis ojos?
Quedóse un instante meditando Mariblanca.
—Esta noche es noche de Navidad, dijo al fin.
—Es verdad, repuso el capitan.
—A las doce dirá la misa del Gallo el señor Juan de Ribera.
—Y entre tanto tú te quedarás sola en la casa.
—Sí, porque pretextaré que estoy enferma para no ir á misa.
—Bien, muy bien: con que es decir, que esta noche á las doce.
El capitan se levantó, y se dirigió á Mariblanca con notoria intencion de abrazarla.