—¿Y para qué esto?
—Para que entres esta noche en el huerto por el postigo.
—Hace mucho frio para estar al sereno.
—Al huerto da la ventana de mi aposento.
—¡Ah! eso es distinto. Pero es el caso, que yo no daré con ese postigo.
—Pues es muy fácil; mira (y Mariblanca señaló al huerto que se veía por una puerta del fondo): ¿ves aquella higuera?
—Sí.
—Sus ramas salen fuera de la tapia.
—Sí.
—Junto á esa higuera, está el postigo.