Mariblanca, sin embargo, saltó atrás y quedó libre.
—Estas son locuras, dijo.
—¡Cómo! exclamó el capitan: ¿no quieres ser mi mujer?
—No digo eso: sino que venir á esta casa, y despues enamorarme en ella, son locura sobre locura.
—¿Pues qué he de hacer?
—Ven á verme esta noche.
—¿Esta noche?
—Sí.
—¿A hablarte por la reja? no me acomoda.
—Toma: dijo Mariblanca yendo á una espetera y tomando una llave.