—¿No eres ama de un beneficiado?

—¡Y bien!

—Ama y manceba...

—Son dos cosas distintas...

—¿De veras?

—Te lo juro.

—Si se pudiera creer eso...

—La que dió de puñaladas al amante que la engañaba, no es mujer de tener mas que un amante.

—¡Oh! ¡oh! si yo llego á creer eso...

Y el capitan trajo hácia sí con tal fuerza á Mariblanca, que aunque esta era fuerte, no pudo evitar que la diese un sonoro beso en el cuello.