—Al momento, Harum, al momento, dijo Yaye: vé y ordena á Farax-aben-Farax, que con los seis mil hombres que le he entregado, marche sobre Granada: que procure llegar á ella á la media noche; que levante el Albaicin con unos pocos, mientras con los restantes enviste la Alhambra. Que ponga, en fin, en ejecucion cuanto le tengo ordenado. Vé.
Harum partió.
Yaye se volvió al Ferih, y le señaló á Cádiar que se levantaba delante de ellos sobre su vericueto.
—¿Oyes? le dijo.
—¡Los infieles estan alegres! contestó el Ferih.
—Allí vive tu hija, la hija que te ha deshonrado; allí está el que deshonró á tu hija: es necesario que te vengues, Melik.
—Hace mucho tiempo que estoy esperando mi venganza.
—¡Allí tambien está doña Elvira de Céspedes!
—¡Ah, señor! el amor que os tiene esa dama, os puede ser funesto: ¿porqué en estos momentos supremos no satisfaceis ese amor? ¿ignorais que Aben-Jahuar-el-Zaquer, es un traidor?
—No importa: una cabeza mas que cortar.