—¿Y á pesar de eso, huye con otro hombre?

—Por vengarse.

—¿Y por vengarse, ha hecho lo que yo la he visto hacer?

—¿Y qué la habeis visto hacer vos?

—He dicho mal, no lo he visto: lo he sentido.

—¿Pero qué habeis sentido?

—Ya os he dicho, que cuando salieron del corral del Carbon los seguí; que cuando salieron de la ciudad los seguí tambien, pagando á los guardas de la puerta del Rastro, para que me dejasen salir como á ellos; que los seguí por el camino, á pesar de que el caballo de ese maldito morisco, andaba mas deprisa de lo que yo hubiese querido; que cuando ellos han entrado en una venta del camino, me he esperado fuera, sin comer, descansando solo el tiempo que han tardado en salir: pues bien, durante esa larga jornada, he sentido en medio del silencio de la noche...

—¡Algun beso!...

—Besos ardientes: besos de enamorados.

—Y bien, ¿no os ha besado tambien Angiolina?