Eran el comediante Andrés Cisneros, y Laurenti ó Bempo ó Godinez, como quieran nuestros lectores.

—¿Habeis oido? dijo Laurenti á Cisneros.

—Si por cierto, dijo el comediante todo trémulo, y me parece que estamos en muy mal lugar.

—Yo os creia mas valiente.

—¿Podeis pedirme mas valor? Por esa mujer he hecho lo que no hubiera hecho por ninguna. Desde que me dijisteis que no la perdiese de vista, desde el domingo por la mañana, la he observado: en acecho estaba cuando entró en su aposento Aben-Aboo, y me dieron tentaciones de entrar y de matarle allí mismo.

—Hubiérais hecho muy mal.

—Los zelos son malos consejeros.

—Vos no debeis tener zelos de esa mujer.

—¿No los teneis vos?

—¡Yo! lo que la tengo es odio. Ademas, no hay que tener zelos. Ella no ama mas que á un hombre, y ese hombre no la ama.