—La dejarás tambien pasar.
—Muy bien, señor.
—Vete y espérame en la rambla Roja.
El Ferih desapareció entre las breñas.
El emir desató su caballo de un espino, y siguió una rambla abajo.
Las campanas de la iglesia de Cádiar seguian repicando.
Yaye se perdió entre las quebraduras.
Entonces, de una breña que estaba próxima al lugar donde habian hablado Yaye, Harum y el Ferih, salieron dos hombres.
El uno tenia una capa gris, y el otro una capa negra.
Eran los mismos que habia estado mirando Aben-Aboo desde la ventana del meson del Cojo.