—Pues á vengarnos hemos venido á las Alpujarras, á vengarnos del marqués de la Guardia.
—Nuestra venganza es injusta, dijo moviendo tristemente la cabeza Cisneros.
—¡Oh! yo odio á ese hombre: yo la aborrezco á ella: á él porque ella le ama, á ella porque le ama á él. Pero andad mas de prisa, Cisneros; ¿no habeis oido al emir mandar á sus monfíes que cerquen á Cádiar á la redonda?
—Y es muy posible que si los monfíes nos encuentran y nos prenden, y nos presentan al emir, no podamos dar cima á nuestros proyectos.
—Si me seguís á buen andar yo os juro que no daran con nosotros.
—La primer contra que tenemos es que no conocemos el terreno.
—Vos no; yo si, y os sirvo de guia.
—¿Que conoceis vos las Alpujarras?
—Conozco la parte que necesito conocer.
—Yo creia que nunca habiais venido á ellas.