—Yo presentía que los sucesos me habian de traer á ellas alguna vez, siguiendo á Angiolina, y procuré que me fuesen familiares.

—No sé cuando habeis podido...

—Yo necesito muy poco tiempo para conocer un terreno: como que he sido bandido...

—¡Ah! exclamó Cisneros, mirando con un asombro temeroso á Laurenti, que á cada momento crecia en proporciones fatídicas ante sus ojos.

—Si; he sido bandido, y famoso y terrible: me han perseguido y jamás han podido dar conmigo: basta con que yo vea la estructura de un país para que comprenda sin equivocarme las ventajas que puedo sacar de él. Y sino juzgad, juzgad por vos mismo: ¿no me habeis encontrado junto á vos en las Alpujarras cuando menos lo esperabais?

—¿Y cómo habia de esperarlo? Yo creia que os quedábais en Granada al frente de la compañía.

—¡Que se la lleve el diablo! vos os vinísteis siguiendo á una mujer; yo me vine siguiendo á un hombre.

—¡Al marqués de la Guardia! ¿estará acaso en las Alpujarras?

—En las Alpujarras se encuentra, aunque es muy posible que no lo sepa.

—¿Y dónde está?