—¡Como!

—Aquel es vuestro aposento, dijo Laurenti señalando uno de los alhamies ó alcobas: venid y juzgad.

Dirigiéronse allá, y Cisneros con gran asombro encontró un lecho y una pequeña mesa con algunas botellas.

—Es cuanto aquí nos hace falta, dijo Laurenti: vino que beber y lecho en que descansar.

—Y el vino es bueno, dijo Cisneros empinando una botella.

—Es de la tierra.

—Pero falta algo mas.

—¡Qué!

—Algo que comer.

—Mi olla debe estar cocida, dijo Laurenti.