—Soy su tia, hermana de su padre.
—¿Y sabeis que don Fernando de Válor anda huido?
—Sé que tuvo contestaciones en el cabildo de Granada, y que por resultas de ellas, ha desaparecido.
—¿Conoceis los misterios de la Religion Católica Apostólica Romana?
—¡Oh! si señor, y los adoro.
—¿Qué teneis que decir de esta mujer? preguntó el inquisidor volviéndose con una ruda grosería al beneficiado.
—Esa señora, dijo Juan de Ribera, es un modelo de piedad, y de caridad cristiana.
—¿De modo que no hay necesidad de examinarla?
—Vuestra señoría puede hacerlo si gusta, y yo me alegraré mucho, porque conozca vuestra señoria á una excelente cristiana.