—¡Casada! ¿pero qué edad teneis?
—Veinte años.
—¿Y esos hijos, son hijos de vuestro esposo?
—¡Oh! ¡si señor!
—¿Pero á qué edad se casan estas gentes? exclamó escandalizado el inquisidor.
—Las castellanos pueden casarse á los doce años, señor, observó la morisca.
Irritóse el inquisidor.
—Hablad cuando os pregunten, dijo.
La morisca bajó los ojos, y calló.
—¿Vive vuestro marido?