Harum siguió á Yaye que le llevó al corral, y cuando no podian ser vistos de nadie, le dijo:
—¿Ves aquel aposento que tiene junto á la puerta una reja?
—Sí señor.
—Allí moran dos mujeres: no conozco mas que á una de ellas: es morena, jóven, con los ojos negros y los cabellos rizados: ademas con ellas anda un capitan castellano. Quédate en el meson, y sin que nadie pueda reparar en ello, observa á esa gente, síguela: ve dónde para, no pierdas ni un solo momento de vista á esas damas: si es necesario protegerlas, protégelas.
—¿Hasta matar?...
—Hasta matar ó morir.
—Muy bien, señor.
—Cuando lleguen á Granada, observa en qué casa habitan.
—Lo observaré.
—Y me avisas.