Continuacion del anterior.

Anunciaron á Yaye que acababa de llegar á la heredad el beneficiado y el sacristan de Cádiar.

Yaye mandó introducir al momento á Juan de Ribera.

—¡Oh, qué dia! qué dia tan aciago, exclamó el beneficiado apenas vió á Yaye.

—¿Pues qué sucede? contestó el emir.

—Sucede... vamos... no sé cómo he podido escapar para cumpliros mi promesa... sucede que el Santo Oficio ha venido á la villa.

—Ya lo sé.. vos mismo me lo dijísteis.

—Es verdad... pero tengo la cabeza trastornada.... ¡qué escándalo y qué dolor, Dios mio!.. y que la tenacidad de esos desdichados nos obligue á ver tales cosas...

—¡Ah! ¡la muerte de esa morisca... de esa Malicatulzarah..!

—¡La sabíais...!