—Yátor está cerca de Cádiar.
—¡Pero no sabreis...!
—Si, si; sé y me pesa, que su marido Adel, el tejedor, que estaba enfermo, ha muerto tambien: pero el anciano padre y los pequeñuelos huérfanos estan amparados.
—¡Por vos, siempre vos en todas partes donde hace falta la caridad! ¡Cuando digo que sois un santo!
—No soy santo, pero creo que entre estas gentes se adelanta mas con la blandura.
—¡Hum! dijo el beneficiado; son duros como rocas.
—Ya veis si yo he convertido gente.
—Dios os da la gracia.
—No, sino que obro de distinto modo que el inquisidor que ha venido á visitar á Cádiar..... Me han dicho que ha obrado con muy poca caridad.
—Es un tanto duro el señor Molina de Medrano, pero muy religioso, eso sí... figuraos que aunque acababa de dejar el camino, no ha querido reposar ni comer hasta que se ha purificado la iglesia que habia quedado impura por la sangre que en ella se habia vertido. Por esa razon he venido mas tarde y os he hecho esperar... pero en cambio se ha labado el templo de su impureza, gracias á las ámplias facultades que trae el señor Molina de Medrano y podrá celebrarse en él la Pascua... de otro modo la iglesia hubiera estado impura algunos dias.