—¡Ah! ¡es monfí!

—Lo ignoro; es un secreto que tu padre jamás me ha revelado.

—¿Pero donde habeis vos conocido á ese hombre?

—Muchas veces le he visto al lado de tu padre y hablando con él familiarmente en la montaña.

—Y sabiendo que ese hombre sirve á mi padre, ¿por qué palidecísteis á su vista?

—Es que ese hombre, no sé por qué, desde que le vi, me causó repugnancia, aversion, temor...

—Lo mismo me ha sucedido á mí, cuando hace un momento le he visto por primera vez.

—Me parece ese hombre fatal, dijo distraidamente Abd-el-Gewar, pero aqui viene Hamet; sin duda nos esperan ya nuestras cabalgaduras.... es necesario partir.

En efecto, un monfí jóven y gallardo entraba en aquel momento en el meson y se dirigió al lugar donde estaban el jóven y el anciano.

—Los caballos esperan, dijo descubriéndose, en la rambla del río cerca de Tablate.