—Y no crean usamercedes que esto es por virtud; no señor; sino porque la tiene bebidos los sesos ese organista del diablo, que solo gana tres maravedises... que... que en fin, es un haragan, un desarrapado... lo que no impide que esta señora se pase las noches de claro en claro pelando la pava con él.
—¿Y qué tiene eso de malo?
Y asi mientras duró la cena, los tres personajes ocultaron su verdadero estado con conversaciones tales, como la de que acabamos de dar una muestra.
Acabada la cena, el emir se despidió de Aben-Jahuar y de Aben-Aboo.
—¡Que está tranquilo acerca de su hija! dijo sombriamente el jóven apenas se quedó solo con su tio.
—Afortunadamente, nadie nos ha conocido, ni los mismos que nos han ayudado saben lo que han hecho. El emir no puede hacernos cargo de nada.
—¿Y á dónde irá ahora?
—Es muy posible que vaya á ver á tu madre.
Ya sabemos que Aben-Jahuar sabia que Yaye no habia ido en busca de su hermana doña Isabel.
—¿A buscar á mi madre en una noche como esta?