Se hizo un silencio. Nadie hubiese atrevido a moverse. Por el rostro del ciego pasó algo sombrío.
—Pero a pesar de todo, ¡bienvenida sea la infamia de esta guerra! Ellos lo han querido y Ellos lo tendrán.
Los estudiantes se miraron unos a otros, interrogándose con los ojos. Pero en seguida comprendieron quiénes eran Ellos: eran los poderosos de la tierra, los que detentan la riqueza, los que poseen la fuerza, la felicidad, ¡todo, todo, todo!
—El Día se acerca—exclamó el ciego.—Esta guerra, es el comienzo del gran Día. Yo lo siento venir. Yo lo siento ya dentro de mí. No sé cómo vendrá. No sé si llegará poco a poco, o si llegará de pronto, fulminantemente, como un rayo vengativo. Pero sé que se acerca el gran Día: ¡el día de la Justicia!
En la hondura del silencio que sobrevino, parecía oirse el latir vigoroso de los corazones jóvenes y el trabajar del pensamiento en cada cerebro. A los ojos de algunos, las lágrimas asomaban.
Con la cabeza erguida y alta, se dijera que Monsalvat, mirando el porvenir por los ojos de su alma, veía ya muy próximos, hacia el final del gran Crimen, el principio de aquellos años de Justicia, con que soñaba.
La noche del ciego habíase llenado de estrellas...
FIN
Enero-Noviembre de 1919.
IMPRENTA MERCATALI, CALLE JOSÉ A. TERRY 285
BUENOS AIRES