Luis. (Sentándose á su lado). Mi desconocida parecia dormir profundamente; aprovechando la ocasion, llevé su finísima y torneada mano á mis lábios, cuando...
Julia. Lo sé.
Luis. Cómo!...
Julia. Es decir, lo adivino. Se despertó.
Luis. Justamente.
Julia. En fin...
Luis. En fin, señora, estaba ya á punto de adelantar estraordinariamente en mi conquista, cuando de repente siento que mis fuerzas me abandonan, mi cabeza se inclina, una languidez mortal se apodera de todo mi cuerpo, y mis ojos empiezan á disminuir de diámetro, y por lo tanto de circunferencia.
Julia. (Riendo y levantándose). Era el ópio!...
Luis. (Levantándose). Si señora, el ópio, que hacia su oficio de narcótico eficaz, pero poco inteligente. Cuando me desperté, mi bella desconocida habia desaparecido: me hallaba solo en el carruaje.
Julia. Y eso es todo?