Dolor. Cosa muy difícil, señorita.
Julia. En primer lugar, si empezaba por hacerme la córte, le despediria acto contínuo; y si tenia la nécia pretension de solicitar mi mano sin hacerme la córte, le daba calabazas.
Dolor. Pues entonces...
Julia. Será un capricho; pero para agradarme, habia de hacer en un cuarto de hora lo que todos hacen en dos ó tres años: es decir, habia de proceder de un modo hábil, discreto, y sobre todo muy breve, sin rodeos, y sin perder un momento: ya sabes que mi genio es como una pólvora.
Dolor. Es verdad, señorita; aquí estoy yo que lo puedo decir.
Julia. Pero vamos, qué haces que no vas á lo que te he dicho? Ah! has puesto papeles en el balcón?
Dolor. Sí, señora, desde esta mañana temprano, y ya puede venir nuevo inquilino cuando quiera.
Julia. Cómo cuando quiera! Todavía no dejaremos la casa hasta fines de mes, y hoy estamos á diez y seis.
Dolor. Bien; asi lo diré á quien venga.
Julia. Vé á lo que te he mandado, mientras yo me arreglo para salir.